TODO UN PERSONAJE 

Francisco GUERRA MARCOS 

 “C U C O”.

 

 

 

Fue pastor de ovejas. Nació en el seno de una familia humilde, el veinte de octubre del año 1902, en el Monte de Matilla.

Sus primeros años de vida los vivió en ese mismo lugar, ya que su padre era el guarda del monte. Vivió en la “casa”, ubicada en una zona del monte, donde todavía hoy se ve el claro donde asentaba.

Compaginó sus andanzas entre San Adrián y sobretodo, Matilla.

Desde pequeño, y como era normal por aquella época, recibió un mote, “Cuco”.

Por este mote fue conocido y querido durante toda su vida.

 

 

 

Fotografía con sus padres y hermanos, Francisco "CUCO" es el tercero por la izquierda.

 

 

 

 

Se casó y tuvo tres hijas. A los pocos años, tuvo la desgracia de enviudar. Pero supo sacar adelante a sus hijas, realizando un oficio por entonces muy sacrificado y poco recompensado, pastor. Oficio que practicó casi hasta al final de su vida.

 

Esta pequeña biografía, no dice ni mucho menos lo que fue. Los que tuvimos la suerte de conocerlo, y ser parte de su vida, sabemos quién era y lo que era. Se podrían contar muchas anécdotas y la gran mayoría serían muy divertidas.

 

Recuerdo que de pequeño, como cuando íbamos a las escuelas de arriba, yo procuraba llegar de los primeros. Sabía que mi abuelo, antes de las diez de la mañana, pasaba por allí con las ovejas. También sabía que todos los niños y niñas, saldrían a besarlo, lo que me hacía sentir celos. Era mi abuelo y yo tenía más derechos que los demás niños (o al menos eso pensaba).

“¡Que viene Cuco, que viene Cuco!”.

Esa era la voz que nos ponía sobre aviso a todos los que jugábamos alrededor de la escuela y hacía que corriéramos todos a recibir a mi abuelo.

Recuerdo como le rodeábamos, como lo abrazábamos, y él nos recibía cada día con una sonrisa de oreja a oreja y creo que con mucho orgullo.

 

Recuerdo sus predicciones del tiempo…

Aunque en algunas ocasiones hacía uso de pequeñas trampas, como podía ser “el callo”. El callo,  

el dichoso callo cuando decía que le dolía…”jodo, va a llover”. Y cómo no, en bastantes ocasiones acertaba.

También se servía de conocer las nubes y jugaba con la ventaja de tantos años pasando horas a la intemperie, aprendiendo de ellas.

 

Recuerdo cuando era pequeño, y yo, o mis hermanos, en pleno verano le llevábamos agua con la bicicleta... o teníamos que haberle llevado agua, casi siempre al prado de Carrelacal, junto a la fuente, siempre nos recibía con la mismas "frasería", "pero para que vienes, bobadas coño, si ya tengo agua". Sacaba de la mochila una botella de las de medio litro de gaseosa de las de antes, y podía ver como la tenía llena de un agua marrón, porque la había cogido de un charco, o sucia con cosas flotando, porque esta vez la había cogido en la fuente.

 

 

Recuerdo las numerosas travesuras realizadas por mis hermanos y yo,  y como siempre nos tapaba….Cuando tenía que haberle llevado agua en pleno verano y no le llevé, dado que yo tenía la imperiosa necesidad de jugar con mis amigos, si le preguntaban, siempre mentía y decía que si y así salvarme del oportuno castigo....Aquella “tajada” que tanto le gustaba, y que siempre nos daba….Daba lo que tuviera, que no era mucho, pero no sólo a nosotros, sino al que viera que lo necesitaba.

Cuántas horas y sueño perdidos…. Todo por el cuidado de su familia.

 

Recuerdo que no sabía escribir. Por desgracia, como imagino que pasó en muchas familias humildes de por entonces, no pudo aprender a leer y escribir. Pero recuerdo cómo contaba siempre alguna historia de aquel lanero que le quería engañar en las cuentas de la venta de la lana, o de aquel tratante de ganado que en la venta de alguna oveja quiso restarle alguna peseta.

 

Recuerdo y recuerdo tantas cosas…Podría contar muchas, muchas anécdotas…  Hoy por hoy, todavía cada vez que le recuerdo o me hablan de él, noto un nudo en la garganta y como las lágrimas se asoman. Entiendo que algo normal cuando recuerdas a una persona tan querida.

 

Podría plasmar tantas y tantas cosas, unas contadas y otras vividas… Creo que llenaría muchas hojas, y también sé que a muchos les traería viejos y buenos recuerdos de una persona que fue todo un personaje. Guardo y guardamos su familia, y la gente que le trataron, un tesoro. Ese tesoro fue el conocer a mi abuelo, el aprender a ser buena persona, el saber comportarse desde la ignorancia de una persona humilde, de la alegría de alguien que ha pasado por todo, desde el conocimiento que da la vida.

 

Estoy orgulloso de ser nieto de Francisco Guerra Marcos, “Cuco”. De estirpe de hombres buenos, y buena persona donde las halla; que dedicó su vida a los suyos y supo ser un hombre bueno, honesto y querido por todos. Un modelo a seguir y del que sus descendientes estamos orgullosos.

 

Mi abuelo nos dejó, un maldito veintiuno de noviembre de 1.996.

 

 

 

 

Hace tiempo, José Fidel me hizo llegar estas bellas palabras que van a continuación, unido a lo relatado, han servido para este pequeño homenaje.

 

El Abuelo “cuco” el pastor; se le llamaba así porque al  igual que el pájaro de este nombre, siempre sabía cuando iba a llover. Ya hace años que murió pero algunos no le olvidaremos nunca, yo tuve la suerte de ser amigo de la familia y de escuchar como relataba historias del lobo, era algo que me dejaba boquiabierto; él azuzó a los perros contra el  lobo en mas de una ocasión para defender su ganado de ovejas. Yo creo que nadie mejor que él, supo,  defender, entender y querer su oficio de pastor.

 

                                                                                      Dedicada al abuelo Francisco,

                                                                                                  que nació y vivió en el monte.

                                                                                                 

                        

                                       AL  ABUELO  PASTOR

 

 

                    Cuando muera el abuelo              

                    que lo lleven a enterrar,             

                    con las ovejas a la zaga               

                    con los perros a la par.                 

 

                    Que no le falte                             

                    la boina y la cacha,                      

                    ni la manta,                                 

                    ni el morral.                                

 

                    El no debería yacer                      

                    en un cementerio normal,             

                    donde los huesos de uno       

                    se mezclan con los demás.           

 

                    Los huesos del cuco                     

                    en el monte deben reposar            

                    junto a la encina mas alta,         

                   donde el pozo, o al lindad.           

                   

                   Si le queremos rezar

                   el abuelo tenia su altar,

                   encinar de amapolas

                   de tomillos y zarzal.

 

 

                   En ese lugar…,

                   siempre le visitaran,

                  el lobo, la cucullada

                  y el pardal

 

 

                  Cuando muera el abuelo

                  que lo lleven a enterrar,

                  por el camino del monte

                  como una madrugada mas.

 

 

                 Con las ovejas a la zaga

                 con los perros a la par,

                 con la boina y con la cacha

                 con la manta y el morral.

                        

                                        

                                                                                                J.Fidel Marbán

                                                                                           Matilla de Arzón : marzo de 1977